viernes, 27 de octubre de 2023

 MEXICO AFRANCESADO

A pesar de la guerra de intervención que se libró en Mexico cuando Francia envió un Emperador (Maximiliano de Habsburgo) a México y que finalmente Benito Juárez fusiló en el cerro de las Campanas en Querétaro, posteriormente, siendo ya presidente el general Porfirio Díaz, la sociedad mexicana estaba enamorada de todo lo que oliera a Francia.

Porfirio Díaz fue uno de los generales que, bajo el mando del general Ignacio Zaragoza, venció al ejército francés en Puebla aquel memorable 5 de mayo de 1862 que aún se recuerda y se celebra (en México, claro).

Lo mejor de la moda francesa de la época podía verse circulando en las calles de la Ciudad de México. Tanto las damas como los caballeros de la alta sociedad se vestían a la usanza francesa. Ellas portaban largos y rimbombantes vestidos y se tocaban la cabeza con sombreros enormes con plumas, mientras los hombres lucían elegantes trajes negros rematados con sombrero de copa.

Pero no solo la moda acaparaba lo francés, también la arquitectura de la ciudad comenzó a basarse en las construcciones de allende el mar. Las grandes mansiones se diseñaban de acuerdo a los más selecto de la arquitectura francesa y, de hecho, se proyectó un paseo en plena ciudad de México basado en los famosos Campos Elíseos de París. Se trata ni más ni menos que del ahora bien conocido Paseo de la Reforma cuya belleza cautiva a propios y extraños.

Esta similitud hace que caminar en algunas calles de la Ciudad de México se sienta como caminar por las propias calles de París.

El yerno de Díaz y algunos de los más encumbrados personajes de la época traían a los chefs de Francia para que les pusieran en su mesa la comida de aquel país

De hecho, cuando Porfirio Díaz fue condenado al destierro por Francisco I. Madero salió rumbo a Europa en el buque alemán Ypiranga y, luego de pasar por varios países del viejo continente como Egipto, Alemania, España e Italia, fijó su residencia definitiva en París.

Se cuenta que estando en ésta ciudad Porfirio Díaz visitó la tumba de Napoleón siendo reconocido por varios oficiales franceses que ahí se encontraban y que, en un gesto de profunda admiración y reconocimiento al hombre que los había vencido en Puebla, pusieron en sus manos la espada de Napoleón.

Para leer más sobre México y Francia no se pierda la novela

ATARDECER EN PARIS

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viernes, 13 de octubre de 2023

 RODOLFO FIERRO “EL CARNICERO”

Durante la Revolución Mexicana un hombre se distinguió y sobresalió de la muchedumbre. Peleó en la División del Norte al lado del general Francisco Villa; de hecho, llegó a ser su hombre de confianza. Y como Villa, hoy Rodolfo Fierro pudo haber sido recordado como un verdadero héroe que le dio grandes triunfos a la revolución. Sin embargo, la historia parece querer olvidarlo.

Y es que a la par de su bien merecida fama como un hombre valiente, que se metía en lo más duro del combate y nunca rehuía la pelea, crecía también su fama de asesino desalmado. Un hombre que no se tocaba el corazón para matar a cualquiera, amigo o enemigo, ya fuera por ordenes de Villa o por cualquier nimiedad. Después de los combates le encantaba fusilar prisioneros o matarlos por mano propia, uno por uno, disfrutando sobremanera el acto mismo de matar. A la vista de aquellos excesos sus compañeros de la División del Norte lo apodaron, a sus espaldas por supuesto, “El Carnicero”.

Intrépido como ninguno, Rodolfo Fierro era de por sí un hombre valiente y ese valor lo demostraba en cada acción en la que participaba. Pancho Villa, al darse cuenta de esto, lo escogía como el hombre indicado para enviarlo a las más arriesgadas misiones, prácticamente suicidas, de las que suponía que ya no regresaría, pero sorprendentemente Fierro se las ingeniaba siempre para cumplir a cabalidad con su misión y regresar sano y salvo para ponerse de nuevo a las órdenes de su general. Por supuesto que Villa reconocía el valor de Fierro, no solo como combatiente, sino para el éxito final de la revolución por lo que en muchas ocasiones solapó los excesos de Rodolfo utilizando su alta investidura como General en Jefe de la División del Norte aún y cuando algunos de los crímenes de Fierro fueran realmente brutales; tenía, además, a su favor la legendaria lealtad que le profesaba a su general, a tal punto que era el hombre de más confianza de Villa.

Fue esa sed de sangre, ese placer que encontraba Fierro al quitarle la vida a otro ser humano y los muchos asesinatos a sangre fría que cometió los que opacaron las hazañas que realizó durante su paso por la revolución.

A pesar de los ríos de sangre que le bañaban las manos, Rodolfo Fierro murió sin derramar una gota de la suya, pues no murió en combate como se supondría, sino ahogado en una laguna que quiso atravesar a pesar de todas las advertencias de sus hombres en contrario. Alcoholizado como estaba en ese momento, pues además de su inseparable pistola siempre tenía una botella de whisky a la mano, su terquedad lo impulsó a espolear a su caballo hacia la laguna cuyo fangoso fondo pronto hizo que el animal se cansara y se hundiera seguido de Fierro cuyo cuerpo quedó inerte en el fondo.

Si quiere conocer completa la truculenta historia de Rodolfo Fierro no se pierda la novela

EL RECOLECTOR DE ALMAS

La vida del general Rodolfo Fierro, el carnicero.

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