RODOLFO FIERRO “EL CARNICERO”
Durante
la Revolución Mexicana un hombre se distinguió y sobresalió de la muchedumbre.
Peleó en la División del Norte al lado del general Francisco Villa; de hecho,
llegó a ser su hombre de confianza. Y como Villa, hoy Rodolfo Fierro pudo haber
sido recordado como un verdadero héroe que le dio grandes triunfos a la
revolución. Sin embargo, la historia parece querer olvidarlo.
Y
es que a la par de su bien merecida fama como un hombre valiente, que se metía
en lo más duro del combate y nunca rehuía la pelea, crecía también su fama de
asesino desalmado. Un hombre que no se tocaba el corazón para matar a
cualquiera, amigo o enemigo, ya fuera por ordenes de Villa o por cualquier
nimiedad. Después de los combates le encantaba fusilar prisioneros o matarlos
por mano propia, uno por uno, disfrutando sobremanera el acto mismo de matar. A
la vista de aquellos excesos sus compañeros de la División del Norte lo
apodaron, a sus espaldas por supuesto, “El Carnicero”.
Intrépido
como ninguno, Rodolfo Fierro era de por sí un hombre valiente y ese valor lo
demostraba en cada acción en la que participaba. Pancho Villa, al darse cuenta
de esto, lo escogía como el hombre indicado para enviarlo a las más arriesgadas
misiones, prácticamente suicidas, de las que suponía que ya no regresaría, pero
sorprendentemente Fierro se las ingeniaba siempre para cumplir a cabalidad con
su misión y regresar sano y salvo para ponerse de nuevo a las órdenes de su
general. Por supuesto que Villa reconocía el valor de Fierro, no solo como
combatiente, sino para el éxito final de la revolución por lo que en muchas
ocasiones solapó los excesos de Rodolfo utilizando su alta investidura como
General en Jefe de la División del Norte aún y cuando algunos de los crímenes
de Fierro fueran realmente brutales; tenía, además, a su favor la legendaria
lealtad que le profesaba a su general, a tal punto que era el hombre de más
confianza de Villa.
Fue
esa sed de sangre, ese placer que encontraba Fierro al quitarle la vida a otro
ser humano y los muchos asesinatos a sangre fría que cometió los que opacaron las
hazañas que realizó durante su paso por la revolución.
A
pesar de los ríos de sangre que le bañaban las manos, Rodolfo Fierro murió sin
derramar una gota de la suya, pues no murió en combate como se supondría, sino
ahogado en una laguna que quiso atravesar a pesar de todas las advertencias de
sus hombres en contrario. Alcoholizado como estaba en ese momento, pues además
de su inseparable pistola siempre tenía una botella de whisky a la mano, su
terquedad lo impulsó a espolear a su caballo hacia la laguna cuyo fangoso fondo
pronto hizo que el animal se cansara y se hundiera seguido de Fierro cuyo
cuerpo quedó inerte en el fondo.
Si
quiere conocer completa la truculenta historia de Rodolfo Fierro no se pierda
la novela
EL
RECOLECTOR DE ALMAS
La
vida del general Rodolfo Fierro, el carnicero.
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