MEXICO AFRANCESADO
A
pesar de la guerra de intervención que se libró en Mexico cuando Francia envió
un Emperador (Maximiliano de Habsburgo) a México y que finalmente Benito Juárez
fusiló en el cerro de las Campanas en Querétaro, posteriormente, siendo ya
presidente el general Porfirio Díaz, la sociedad mexicana estaba enamorada de
todo lo que oliera a Francia.
Porfirio
Díaz fue uno de los generales que, bajo el mando del general Ignacio Zaragoza,
venció al ejército francés en Puebla aquel memorable 5 de mayo de 1862 que aún
se recuerda y se celebra (en México, claro).
Lo
mejor de la moda francesa de la época podía verse circulando en las calles de
la Ciudad de México. Tanto las damas como los caballeros de la alta sociedad se
vestían a la usanza francesa. Ellas portaban largos y rimbombantes vestidos y
se tocaban la cabeza con sombreros enormes con plumas, mientras los hombres
lucían elegantes trajes negros rematados con sombrero de copa.
Pero
no solo la moda acaparaba lo francés, también la arquitectura de la ciudad
comenzó a basarse en las construcciones de allende el mar. Las grandes
mansiones se diseñaban de acuerdo a los más selecto de la arquitectura francesa
y, de hecho, se proyectó un paseo en plena ciudad de México basado en los
famosos Campos Elíseos de París. Se trata ni más ni menos que del ahora bien
conocido Paseo de la Reforma cuya belleza cautiva a propios y extraños.
Esta
similitud hace que caminar en algunas calles de la Ciudad de México se sienta
como caminar por las propias calles de París.
El
yerno de Díaz y algunos de los más encumbrados personajes de la época traían a
los chefs de Francia para que les pusieran en su mesa la comida de aquel país
De
hecho, cuando Porfirio Díaz fue condenado al destierro por Francisco I. Madero
salió rumbo a Europa en el buque alemán Ypiranga y, luego de pasar por varios
países del viejo continente como Egipto, Alemania, España e Italia, fijó su
residencia definitiva en París.
Se
cuenta que estando en ésta ciudad Porfirio Díaz visitó la tumba de Napoleón siendo
reconocido por varios oficiales franceses que ahí se encontraban y que, en un
gesto de profunda admiración y reconocimiento al hombre que los había vencido
en Puebla, pusieron en sus manos la espada de Napoleón.
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ATARDECER EN PARIS
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