ATENTA INVITACIÓN DE ALEMANIA A MEXICO PARA UNIRSE EN LA GUERRA
En
1916 Alemania se encontraba enfrascada en una guerra contra Inglaterra en su
afán por conquistar a la pérfida Albión. Éste calificativo deriva de que, a la
distancia, los acantilados de Inglaterra se divisan albos, blanquecinos.
Alemania
había diseñado un plan para que sus enemigos se rindieran en pocos meses. En
realidad, el plan era muy sencillo. Dado que Inglaterra es una isla, grande,
pero isla al fin, si lograban evitar que los suministros enviados desde Estados
Unidos tanto alimentos como material bélico llegaran a su destino, Inglaterra
se rendiría pronto. Una variante del asedio al castillo en la edad media, tampoco
es que los alemanes hayan inventado el hilo negro con este plan.
Para
lograr su objetivo los germanos debían implementar una guerra submarina
irrestricta, esto es, sus submarinos hundirían cualquier embarcación que
tratara de entrar o salir de la isla. Teóricamente era perfecto y lo pusieron
en práctica y entonces la realidad les abofeteó la cara. Dado que sus
submarinos disparaban los torpedos sin salir a la superficie, comenzaron a
hundir barcos con bandera norteamericana (Estados Unidos aún era neutral) donde
murieron ciudadanos estadounidenses.
Ante
la protesta de los norteamericanos, y como Alemania lo que menos quería es que
Estados Unidos entrara a la guerra apoyando a Inglaterra, los teutones tuvieron
que aceptar las condiciones americanas de que los submarinos salieran a la
superficie antes de atacar para confirmar visualmente el tipo de buque de que
se trataba. Esto, por supuesto, restaba poder a los submarinos cuya mayor arma
es la “invisibilidad”, pues los barcos, al ver al submarino podían hacer
maniobras para salir bien librados del ataque. Bajo esas condiciones sería el
cuento de nunca acabar.
La
solución sería distraer al gigante norteamericano con algo tan poderoso que
quitara su vista de la guerra en Europa mientras los submarinos volvían a su
guerra irrestricta. El único país que podría ayudarlos entonces sería… México.
Pero no se trataba de que México enviara tropas o material bélico a Europa,
sino que amenazara a su vecino norteamericano con una invasión lo que haría que
Estados Unidos tuviera que reforzar militarmente su enorme frontera sur de más
de tres mil kilómetros, una de las mayores líneas fronterizas del mundo. Sin
embargo, México se encontraba sumergido en su propia revolución, así que la
invitación debía ir acompañada de un buen paquete de beneficios como unir a las
facciones en pugna contra un enemigo común y de paso, cuando Alemania ganara la
guerra en Europa, apoyar a México para que recuperara los territorios perdidos
en la guerra contra Estados Unidos de 1848. La pregunta clave entonces era,
¿cómo comunicar lo anterior a México sin que Inglaterra o Estados Unidos se
enterara?
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