sábado, 5 de agosto de 2023


 

EL CABALLO DE RODOLFO FIERRO

La fama de asesino que se ganó Fierro durante la revolución contrasta con el carácter jovial y juguetón que mostraba en su juventud. Tan es así que sus padres siempre tenían quejas contra él, ya fueran de sus hermanos, de sus amigos o aún de desconocidos pues para Rodolfo cualquiera era buena víctima para sus bromas.

“Ya más grandecito, Don Gumersindo, su padre, le regaló a Rodolfo un hermoso caballo: Pinto. El color del animal quedaba de manifiesto en su nombre. La coincidencia de caracteres fue tremenda: tan salvaje el uno como el otro. Rodolfo aprendió a montar de una manera estupenda; se amarraba con las piernas a los costados del animal de suerte que parecían ser uno solo. Por su parte el caballo se volvió mañoso: tan pronto se mostraba obediente y tranquilo como encabritado y violento, tirando tarascadas a diestra y siniestra mientras se retorcía como una lombriz para luego emprender una loca carrera y no había más forma de controlarlo que a golpes. Esta experiencia le sirvió a Rodolfo para convertirse en un excelente jinete, montando siempre con mucha gallardía.

A medida que crecía, Rodolfo se volvió aún más juguetón y bromista y el foco de sus travesuras dejó de circunscribirse a sus hermanos para extenderse también a sus amigos. Uno de sus mejores amigos se llamaba Álvaro Vega; su amistad se fincaba en el hecho de que él y Rodolfo eran novios de dos hermanas. Un día fueron ambos a bañarse al río; estando ya desnudos dentro del agua Rodolfo le pidió a Álvaro que le hiciera el favor de traer a su caballo Pinto para bañarlo, el cual había dejado amarrado a la orilla. Álvaro acudió de buena gana, desató al animal y lo montó para meterlo en el río. Apenas acercarse al agua, Rodolfo, que había tomado una vara, comenzó a fustigar al animal a la vez que daba voces de manera tal que Pinto salió asustado a todo galope con rumbo a la casa de sus novias, a donde tenía ya la costumbre de ir. Fue inútil que Álvaro tratara de detener al animal, y cuando se dio cuenta de hacia dónde se dirigía y que él estaba desnudo no tuvo más remedio que saltar del caballo. Para su desgracia lo hizo en el momento en que pasaban cerca de unos nopales por lo que acabó cubierto de tierra y aguijoneado por algunas espinas. A pesar de sus bromas, a veces un tanto pesadas, Rodolfo tenía el carisma para siempre terminar perdonado.”

 

Tomado de: EL RECOLECTOR DE ALMAS La vida del general Rodolfo Fierro

 

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